La semana pasada fui de excursión con mi amigo Akira a ver la estatua más grande del mundo, el Gran Buda de Ushiku. Se trata de un colosal buda de 120 m de altura (20 m de base más 100 m de estatua) situado en una planicie de la prefectura de Ibaraki. Su construcción duró cinco años (1989-1993) y es tres veces mayor que la Estatua de la Libertad neoyorquina. Basta con ver cuatro fotos para darse cuenta de sus godzillianas proporciones, así que me sorprende que una construcción tan particular y cercana a Tokio ni se mencione en las guías turísticas.
Así que estuve en la feria de trabajo para extranjeros. Masas de guiris en búsqueda de un trabajo (y visado) que les arraigue a Japón. Pero la verdad es que yo me lo esperaba todo un poquitín más serio, por parte de los organizadores y también de los participantes. La mitad se lo traían muy poco o nada preparado. Yo me pasé el día anterior como un escriba egipcio, copiando sin parar mi currículum y carta de presentación, porque en Japón hay que entregarlo todo ¡escrito a mano! Por eso de que dicen que la letra dice mucho de cada persona.
Vuelvo, a escribir. Tras tres semanas en Laredo desconectado del mundo, ya estoy de nuevo en Japón. Esta vez en Tsukuba, una ciudad universitaria y tecnológica situada a unos 70 km al norte de Tokio. He conseguido instalar la conexión a internet en mi habitación, pero estoy casi recién aterrizado, así que con calma…
¡Ay! No hay arena como la del Cantábrico… (Foto de shivx)
Ya llegó el verano. Pero de vacaciones, nada: aquí hay clase hasta agosto. Yo a ver si aprovecho y me pongo un poquito moreno, que soy el más blanco de entre todas las nacionalidades aquí reunidas. La cosa es que parece que para convencer a esta gente de que tome el sol hay que mover cielo y tierra. Según tengo entendido, aquí los cánones de belleza más extendidos dictaminan que los chicos han de estar muy morenos y las chicas, blanquitas. Lo más llamativo es que algunas llevan hasta parasoles.
Atrapando cuatro rayos en la terraza del comedor de la universidad. Que conste que tras la foto ellas echaron a correr a la sombra.
Shirakawagō: una mirada al Japón rural
Publicado 18-f-2008 viajes 6 ComentariosTags: gassho-zukuri, gifu, patrimonio de la humanidad, shirakawago
Cuando viajé con mi hermana por Japón hicimos una visita a Ogimachi, en el valle de Shirakawagō (prefectura de Gifu). Esta pequeña aldea es famosa por la arquitectura de sus casas, 114 de las cuales están construidas según el estilo denominado gasshō-zukuri . En 1995 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es uno de los rincones más pintorescos del Japón rural.
Una canción de los setenta: Tōkyō
Publicado 16-f-2008 música 3 ComentariosTags: マイペース, mypace, tokyo
Los lunes a última hora tengo una clase en la que solemos ver noticias o documentales sobre temas de Japón y luego los comentamos. Por lo general todo son dramas: el paro, los sin techo, la dura competencia del mercado laboral, la prostitución, etc., todo mezclado con tragedias familiares y demás. Siempre le acabamos pidiendo a la profesora que algún día nos ponga algo más alegre, que es que terminamos la clase deprimidos.
El asunto es que la semana pasada estuvimos tratando el tema de la emigración a la ciudad, pues son numerosos los japoneses que abandonan el mundo rural y vienen a Tokio persiguiendo sus sueños y, sobre todos, salarios más altos. Este fenómeno provoca que mientras que la tasa de crecimiento demográfico de Japón es negativa, la capital y su inmensa área metropolitana siguen sumando habitantes año tras año.
Así que hoy, después de hacer un ejercicio de audición en el que teníamos que apuntar las cifras de muertos y heridos del terremoto del fin de semana pasado, la profesora ha sacado un repertorio de canciones antiguas sobre infortunios sentimentales con la emigración a la gran ciudad como trasfondo.
La que pongo aquí trata sobre un muchacho del campo cuya chica se ha marchado a Tokio a cumplir sus sueños. No es que sea un temazo, pero hacía mucho que no me ponían una canción en clase, así que al salir de la universidad he venido hasta casa tarareándola. Se llama Tōkyō, es de 1974 y fue el debut del trío mypace (マイペース). Vendieron 250.000 copias del mismo para separarse un año y medio después.
Así que ahí os dejo con la versión corta de esta canción, sacada de un Japón setentero, que, como se aprecia en el vídeo, tampoco se libró de aquellas camisas espantosas.
Adjunto la letra:
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Serán los aires de un verano que se aproxima, en este archipiélago que poco a poco va sumiéndose en la estación húmeda, los que me han devuelto las ganas de escribir por aquí.
En estos meses ha pasado mucho y poco y es ahora cuando uno, asomándose desde una rutina diríase que inevitable, mira atrás y se da cuenta de que, como bien dicen, el tiempo pasa volando.
Recuerdo perfectamente cuando, estudiando en Alemania, abandoné los diecipico y cumplí 20 años. Jamás habría imaginado entonces lo que me depararía un mañana tan cercano. Hoy, a justo tres vueltas al Sol desde aquel mismo día, cumplo 23 al otro lado del globo. Tres años a caballo entre Laredo, Salamanca y el mundo, tres años de travesura que me han acercado a tantos y separado de tantos. A todos os mando un saludo.
Así que, hoy, con la promesa de un retorno inminente a este modesto rincón virtual, os envío una sonrisa para que me perdonéis por este prolongado letargo, así como por tanto vaivén, ausencia y líneas discontinuas que se extienden a lo largo del tiempo, ya que cuando intento algo distinto, al final no me queda más remedio que recurrir a aquella frase del colegio: es que no me sale.
皆さん、御無沙汰お許し下さい。
En unos días parto de viaje, o aventura mejor dicho, ¡que se me viene media familia! En la imagen he marcado algunos sitios a los que pretendemos ir en las dos primeras semanas. Lo de la tercera todavía está por decidir. Así que en los próximos 21 días esto se va a quedar un poquito como estaba… muy tranquilito. Cuando vuelva ya os cuento.




¡Menudo frío! Y yo sin calefacción en la residencia. Mañana por la mañana repartirán estufas en el centro de estudiantes extranjeros… habrá que ir bien prontito para pillar alguna, que seguro que vuelan.
