Archivos para Octubre 2007

Así estudiaba, así, así…

Se podría decir que esta semana ya ha sido la primera en que oficialmente me he puesto a estudiar. Hasta ahora estaba un poco descentrado y la verdad es que no tenía ganas, pero como más o menos ya me desenvuelvo un poco mejor, me he puesto las pilas. Quiero poder comunicarme lo mejor posible cuanto antes, así que el viernes estuve estudiando bastante. Lo mejor de todo es que me doy cuenta de que las cosas nuevas que estoy aprendiendo las he usado este mes pasado o, si no, las empiezo a emplear a partir de ahora. Es curioso cómo tras aprender una palabra nueva, o un kanji nuevo, me aparece por todos lados y con un poco que estudie siento que puedo llegar a mucha información nueva. He aquí el estado de mi mesa este viernes: libro, diccionario y hojas y más hojas escritas. Foto sacada con el móvil, ¡que conste!

Kanjis

El sábado hizo un tiempo de perros. ¡Como para no! Al día siguiente me enteré de que se trataba de Faxai, el tifón número 20 de este año. Aunque pasó por delante de la prefectura de Chiba, la de al lado, aquí hizo muy muy malo. El cielo estuvo oscuro todo el día y no paró de llover a cántaros ni un segundo desde el amanecer. ¡Así que como para salir de casa! En la calle no se veía ni un alma. Yo aproveché el arranque del día anterior y seguí estudiando un poco. Luego hablé con mis padres y con mi hermana. El milagro del Skype: mis padres, en Laredo; ella, en Hamburgo y yo, aquí, hablando como si estuviéramos en la misma habitación, pero con 10.500 km de por en medio. Si es que hoy en día da igual adónde vayas.

Por el contrario, el domingo hizo un día casi veraniego, así que estuve de amo de casa: limpié un poco, hice la colada, las compras, etc. Luego, para rematar el fin de semana, nos fuimos a cenar por ahí a algún sitio baratito, en Hachiōji: dimos un paseo y, a la vuelta, entramos en un karaoke, que aquí son toda una institución, los hay por todas partes. Hay edificios enteros con un montón de plantas únicamente con salas de karaoke. Por estar una hora nos cobraron 500 yenes (≈3€), y como la quisimos alargar, pues otros 500; si eliges periodos cortos sale más caro, pero como teníamos que volvernos pronto lo hicimos así. Las canciones niponas suelen estar salpicadas con palabras en inglés (en el estribillo, sueltas por mitad de la canción y muchas sólo en el título y el resto en japonés). Y, bueno, aquí parece que a nadie le da vergüenza ponerse a cantar delante de todo el mundo. A mí me pusieron una en castellano, de Shakira, así que me tuve que animar, aunque no me la sabía muy bien. Lo más gracioso de todo es que encima de las letras te aparece escrito en japonés cómo se pronuncia, por si no sabes. Pero, bueno, una pronunciación “muy a la japonesa”. Teniendo en cuenta que la fonética nipona no tiene nada que ver con la inglesa, salen, por ejemplo, joyas como esta, un fragmento famosísimo de Louis Armstrong:

Ando ai shinku tu maiserufu,
howatto a wandafuru wārudo
.

furanku

Mucha fiesta

Este fin de semana ha sido la fiesta de la universidad, con un montón de actividades a lo largo de cuatro días. Todo el campus se llenó de puestecitos con especialidades gastronómicas de muchos países, que hacían los propios estudiantes; probé comida coreana, japonesa, filipina, egipcia, indonesia… ¡y hasta había churros! Eso sí… con helado, canela o miel: para gustos, los colores. Hubo bailes, conciertos y un sinfín de salas temáticas (sobre países, costumbres, música, arte, etc.), todo muy bien ambientado y organizado por los alumnos, que además participan en masa. Qué gran contraste con las fiestas universitarias de España (y en general con cualquier tipo de celebración), donde la gente sólo sabe divertirse de una única manera.

Por otro lado, el pasado sábado salí de fiesta por Shibuya, uno de los barrios más ajetreados e internacionales de Tokio. Hay un montón de marcha, con discotecas, bares y restaurantes por doquier. El paisaje urbano es alucinante: la calle está repleta de de letreros luminosos, pantallas de televisión gigantes, pasos de peatones en diagonal por todos lados y tiendas y más tiendas de lo más chic.

La verdad es que no sabíamos muy bien por dónde salir, así que mirando por internet decidimos ir a la discoteca Atom. Está muy cerca de la estación de tren. Por entrar antes de medianoche pagamos “sólo” 1000 yenes (unos 6€). A las chicas -sólo a ellas- les regalaban dos consumiciones. Aquí la cuestión de los precios es muchas veces descaradamente sexista: por lo general, en los lugares en que existe barra libre o bufé los chicos han de pagar más por el mismo servicio. Pero es que la cosa no queda ahí: en cada una de las salas de la discoteca las chicas tenían una sección reservada, con mesas, para que se pudieran sentar y estar a gusto. ¡Casi nada, y yo todo el rato de pie! Pero, bueno, me pusieron Bomfunk MC’s, así que yo, como unas castañuelas.

Dentro está prohibido sacar fotos, así que pongo una de Shinjuku que saqué hace poco… el ritmo frenético de Tokio se respira en cualquier rincón:

shinjuku.jpg

 

Y es una pena  que no pudiera sacar fotos en la discoteca, porque los especímenes de su interior se merecían una sesión al completo… ¡menudas pintas! Por aquí abundan los seguidores de la corriente gyaru: pelo clarito, complementos estrafalarios y la cara muy morena (alguien explicó esto mejor que yo aquí). Y es que que lo de la cara quede muy raro (especialmente en un japonés) no quita para que haya incluso chicos en mi universidad que se maquillan de un color tan oscuro que parece que llevan toda la vida viviendo en Jamaica. La verdad es que, a pesar de que el volumen estaba altísimo, la discoteca en sí no estuvo nada mal: tres salas distintas, pinchadiscos en directo, muchas luces, rayos láser verdes en plan Jeniffer López y hasta humo rosita de barraca de feria, ja, ja.

Y para rematar el día, vimos amanecer desde el tren, con el monte Fuji nevado sobresaliendo en el horizonte. Aquí todo tiene su toque nipón. Pues nada, ¡habrá que repetir!

Fuji-Q Highland

El pasado jueves fui con unos amigos de la universidad y la residencia al parque de atracciones Fuji-Q Highland. La verdad es que una de las cosas que más me sorprendió fue el camino en bus hasta el lugar. La autopista atravesaba, túnel tras túnel, puente tras puente, un paisaje de montañas imponentes con bosques muy frondosos, equiparable a los Picos de Europa. Es increíble que tan cerca de la gran urbe haya un paisaje tan virgen y sobrecogedor. Supongo que la pronunciada pendiente de los montes hace imposible que los exploten. Eso sí, la zona más baja de los valles, con ríos y lagos, tiene casas hasta en el último rincón, apelotonadas unas sobre otras, con algún huequecito donde se cultiva arroz.

Bueno, eso fue sólo el comienzo, porque el parque de atracciones está al pie del monte Fuji, epítome de todo lo japonés. Pero como estaba nublado, no se llegaba a ver la cumbre. El parque no es especialmente grande pero tiene bastantes atracciones, varias con récords mundiales.

En la que primero montamos fue en Fujiyama, que es la montaña rusa con la mayor caída del mundo, unos 78 metros. Fue muy divertida; lo malo es que mientras asciendes van apareciendo unos carteles que indican la altura a la que te encuentras: 30m, 40m, 50m, 60m… ¡la subida se hace eterna! Yo me monté dos veces. La atracción aparece en esta foto, que sacamos desde la noria:

fujiyama.jpg

Lo que se ve a la izquierda, abajo, es Dodonpa, una montaña rusa en la que sales disparado y alcanzas los 178km/h en menos de dos segundos. Yo iba en primera fila y al principio apenas pude ver nada; además con el aire se me saltaban las lágrimas por toda la cara. ¡Una hora de cola para un minuto de atracción!

 Otra muy divertida fue Eejanaika:

eejanaika.jpg

Aquí, a la vez que avanzan por el carril, los propios asientos rotan y te hacen dar giros repentinos de 360º. Esto hace que sea la única en el mundo con un total de 14 inversiones: vamos, una locura. También estuvimos en una especie de casa del terror que ha sido la mayor decepción que jamás haya tenido con una atracción: ni miedo ni nada. No faltó tampoco una vuelta en el carrusel y las típicas cosas de los parques de atracciones, con millones de sesiones de fotos con mil cámaras distintas.

Para rematar el día fuimos a cenar a la ciudad en la que vivo, Hachiōji, y de paso darle una sorpresa a Ramazan (bueno, este es su nombre a la japonesa… no sé cómo se llama en realidad). Era su cumpleaños, así que le compramos una tarta y todo el restaurante le cantó el Happii baasudee tu yuu.

tanjoubi.jpg

De izquierda a derecha: el ruso (homenajeado), el indonesio, yo, el surcoreano, el egipcio, la filipina y la surcoreana; y el fotógrafo, ¡peruano! Eso sí, en el aire lo que suena es japonés. Ay, ¡si es que damos la nota allá donde vayamos!

Asentándome

Más o menos ya me voy organizando un poco. Esta última semana he hecho muchas cosas. Por ejemplo, fui a Shinjuku, en el centro de Tokio (una pasada: todo rascacielos, carteles luminosos, publicidad y más publicidad), para comprarme un superdiccionario electrónico castellano-japonés. También fui a cenar a un restaurante coreano con los amigos de la residencia (¡todo muy muy picante!) y también estuve en un “kaitenzushi”: un restaurante de sushi en que te sientas en una mesa o una barra junto a la cual hay una cinta transportadora por la que va pasando la comida; coges lo que quieres y lo que no lo dejas pasar. Prácticamente todo está crudo. Fue muy divertido, pero es bastante estresante, porque aunque no quieras estás continuamente pendiente lo que pasa por la cinta. Cada platito cuesta 100 yenes (unos 0,60€). Bueno, ¡y ya por fin pongo una foto!

Kaitenzushi

Esta semana ya estoy relativamente mejor en la universidad, y me voy enterando algo más, pero bueno… todavía estoy bastante perdido. La semana que viene tenemos fiesta en la universidad, así que vamos a ir al Fuji-Q High Land, un parque de atracciones que hay cerca del monte Fuji :D

Bueno, voy a contaros algunas cosas que me han llamado la atención de estas semanas que llevo aquí:

  • En algunas zonas del centro de Tokio está prohibido fumar hasta en la calle: hay áreas reservadas para ello.
  • La tecnología es increíble. Hoy en clase el profesor ha corregido un examen por televisión: su papel aparecía en dos televisores enormes que hay en ambos lados de la pizarra. Cuando entras en las tiendas tienes una máquina que te seca el paraguas. Los retretes aún no los entiendo muy bien, porque tienen un montón de botones y opciones.
  • En general las instalaciones son increíbles allá donde vayas; todo está limpio y ordenado, con mil explicaciones y advertencias. En la “tiendecita” del campus venden desde comida y refrescos, hasta libros, hielo, “ropa interior de emergencia” o móviles. Y hasta en la callejuela más apartada hay máquinas expendedoras de refrescos, comida o lo que sea: están por todos lados, al igual que los McDonald’s (los hay abiertos 24 horas).
  • La moda es algo diferente. La verdad es que a muchos los etiquetaríamos de horteras si no los viéramos en conjunto: aquí es así y ya está. Muchos chicos llevan más escote que las chicas, y  también llevan pinzas de pelo enormes, de adorno. Las barbas y los bigotes no existen. Por su lado, muchas chicas aprovechan la hora de la comida para sacar el espejo y el estuche de maquillaje y retocarse un poco. Lógicamente todo esto son generalizaciones: hay gente de todo tipo.
  • Todos -TODOS- los coches son ultramodernos: un aparcamiento parece más bien el almacén de un concesionario de lo brillantes y nuevos que son todos los automóviles. Al parecer la “ITV japonesa” es tan cara que al cabo de poco tiempo les merece más la pena comprarse uno nuevo. Por cierto, aquí se conduce por la izquierda.
  • Aquí la gente no tiene ningún reparo en quedarse dormida en cualquier lugar. En el tren/metro la mitad de los viajeros van dormidos… y con la cosa más de uno se da un paseo extra. Pero lo que más me ha chocado de todo esto es que dormir en clase, en mi universidad, no supone ningún problema y se ve todos los días. La gente apoya la cabeza en la mesa y ni cortos ni perezosos, en mitad de la lección, ¡hale, buenas noches!
  • Hay trabajos bastante curiosos. En la estación hay controladores de bicicletas: tienen un registro de todas las que se aparcan y si pones la tuya todos los días en el mismo sitio durante mucho tiempo, te la confiscan. También hay un reguero de gente que se ocupa (supongo que voluntariamente) de que los niños lleguen a casa sanos y salvos después del colegio. Eso sí, el trabajo es muy importante aquí y todo el mundo parece esforzarse mucho por cumplir con sus tareas. Hasta ahora una de las cosas que más me han impactado ha sido una mujer que trabajaba en el ascensor de un centro comercial: su labor consistía en indicarnos a los clientes a qué piso nos dirigíamos y darnos la bienvenida; todo cual robot, sin apartar la mirada de los botones y empleando miles de expresiones corteses.
  • La gente es exageradamente efusiva, en especial las chicas: todo es alucinante, con cualquier cosa han de exclamar algo y muchos, en cuanto te conocen, no titubean en decirte que quieren ser tus amigos. He de decir que aquí de momento la gente me parece mucho más amigable que en España. Tal vez todo sea fachada; ya lo descubriré. A decir verdad la gente en sí no es tan tan distinta, o de momento eso me parece, de los europeos. Supongo que hoy en día los jóvenes son muy semejantes en todo el mundo.

Y eso es todo por hoy. Ay, ¡a ver si actualizo esto más a menudo! Muchas gracias por vuestros comentarios, que, aunque no tenga mucho tiempo para contestar, ¡me encantan! Muchos recuerdos a todos desde Nihon. :)


 

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