Más o menos ya me voy organizando un poco. Esta última semana he hecho muchas cosas. Por ejemplo, fui a Shinjuku, en el centro de Tokio (una pasada: todo rascacielos, carteles luminosos, publicidad y más publicidad), para comprarme un superdiccionario electrónico castellano-japonés. También fui a cenar a un restaurante coreano con los amigos de la residencia (¡todo muy muy picante!) y también estuve en un “kaitenzushi”: un restaurante de sushi en que te sientas en una mesa o una barra junto a la cual hay una cinta transportadora por la que va pasando la comida; coges lo que quieres y lo que no lo dejas pasar. Prácticamente todo está crudo. Fue muy divertido, pero es bastante estresante, porque aunque no quieras estás continuamente pendiente lo que pasa por la cinta. Cada platito cuesta 100 yenes (unos 0,60€). Bueno, ¡y ya por fin pongo una foto!
Esta semana ya estoy relativamente mejor en la universidad, y me voy enterando algo más, pero bueno… todavía estoy bastante perdido. La semana que viene tenemos fiesta en la universidad, así que vamos a ir al Fuji-Q High Land, un parque de atracciones que hay cerca del monte Fuji :D
Bueno, voy a contaros algunas cosas que me han llamado la atención de estas semanas que llevo aquí:
- En algunas zonas del centro de Tokio está prohibido fumar hasta en la calle: hay áreas reservadas para ello.
- La tecnología es increíble. Hoy en clase el profesor ha corregido un examen por televisión: su papel aparecía en dos televisores enormes que hay en ambos lados de la pizarra. Cuando entras en las tiendas tienes una máquina que te seca el paraguas. Los retretes aún no los entiendo muy bien, porque tienen un montón de botones y opciones.
- En general las instalaciones son increíbles allá donde vayas; todo está limpio y ordenado, con mil explicaciones y advertencias. En la “tiendecita” del campus venden desde comida y refrescos, hasta libros, hielo, “ropa interior de emergencia” o móviles. Y hasta en la callejuela más apartada hay máquinas expendedoras de refrescos, comida o lo que sea: están por todos lados, al igual que los McDonald’s (los hay abiertos 24 horas).
- La moda es algo diferente. La verdad es que a muchos los etiquetaríamos de horteras si no los viéramos en conjunto: aquí es así y ya está. Muchos chicos llevan más escote que las chicas, y también llevan pinzas de pelo enormes, de adorno. Las barbas y los bigotes no existen. Por su lado, muchas chicas aprovechan la hora de la comida para sacar el espejo y el estuche de maquillaje y retocarse un poco. Lógicamente todo esto son generalizaciones: hay gente de todo tipo.
- Todos -TODOS- los coches son ultramodernos: un aparcamiento parece más bien el almacén de un concesionario de lo brillantes y nuevos que son todos los automóviles. Al parecer la “ITV japonesa” es tan cara que al cabo de poco tiempo les merece más la pena comprarse uno nuevo. Por cierto, aquí se conduce por la izquierda.
- Aquí la gente no tiene ningún reparo en quedarse dormida en cualquier lugar. En el tren/metro la mitad de los viajeros van dormidos… y con la cosa más de uno se da un paseo extra. Pero lo que más me ha chocado de todo esto es que dormir en clase, en mi universidad, no supone ningún problema y se ve todos los días. La gente apoya la cabeza en la mesa y ni cortos ni perezosos, en mitad de la lección, ¡hale, buenas noches!
- Hay trabajos bastante curiosos. En la estación hay controladores de bicicletas: tienen un registro de todas las que se aparcan y si pones la tuya todos los días en el mismo sitio durante mucho tiempo, te la confiscan. También hay un reguero de gente que se ocupa (supongo que voluntariamente) de que los niños lleguen a casa sanos y salvos después del colegio. Eso sí, el trabajo es muy importante aquí y todo el mundo parece esforzarse mucho por cumplir con sus tareas. Hasta ahora una de las cosas que más me han impactado ha sido una mujer que trabajaba en el ascensor de un centro comercial: su labor consistía en indicarnos a los clientes a qué piso nos dirigíamos y darnos la bienvenida; todo cual robot, sin apartar la mirada de los botones y empleando miles de expresiones corteses.
- La gente es exageradamente efusiva, en especial las chicas: todo es alucinante, con cualquier cosa han de exclamar algo y muchos, en cuanto te conocen, no titubean en decirte que quieren ser tus amigos. He de decir que aquí de momento la gente me parece mucho más amigable que en España. Tal vez todo sea fachada; ya lo descubriré. A decir verdad la gente en sí no es tan tan distinta, o de momento eso me parece, de los europeos. Supongo que hoy en día los jóvenes son muy semejantes en todo el mundo.
Y eso es todo por hoy. Ay, ¡a ver si actualizo esto más a menudo! Muchas gracias por vuestros comentarios, que, aunque no tenga mucho tiempo para contestar, ¡me encantan! Muchos recuerdos a todos desde Nihon.