El cambio de año lo he vivido bastante a la japonesa. Estuve en un templo en Tokio para hacer la cuenta atrás, escuchar las tradicionales campanadas y dar la bienvenida al año nuevo. Por otro lado, el día 2 de enero puede que haya sido uno de los días más japoneses de mi vida, pues fui al Palacio, a ver al Emperador, que se asoma para felicitarle al pueblo la entrada en el año nuevo; y seguidamente visité el Santuario Yasukuni, uno de los más famosos y polémicos de Japón.