Cuando viajé con mi hermana por Japón hicimos una visita a Ogimachi, en el valle de Shirakawagō (prefectura de Gifu). Esta pequeña aldea es famosa por la arquitectura de sus casas, 114 de las cuales están construidas según el estilo denominado gasshō-zukuri . En 1995 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es uno de los rincones más pintorescos del Japón rural.
En 1924 había unas 300 viviendas de estilo gasshō, que literalmente significa “manos en posición de oración”. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, la construcción de una presa en un río cercano condenó a pueblos enteros a la desaparición y muchos de los moradores de estas casa tuvieron que dejar que las aguas se las tragaran. En otros casos las viviendas fueron devoradas por el fuego, pero por suerte, un pequeño número de ellas pudieron ser trasladadas a sitios seguros, como es el caso de algunas de las viviendas de Ogimachi, aldea de escasos 600 habitantes.
Ogimachi, visto desde el mirador. Fuente: Wikipedia.
Lo más característico de las casas gasshō y el elemento diferenciador del resto de la arquitectura tradicional japonesa es su grueso tejado de paja de dos aguas en forma de A. Es tan empinado que crea un espacio útil de grandes dimensiones en su interior. Bajo el tejado existen varias plantas, de dos a cuatro, que antaño se empleaban generalmente que para la cría de gusanos de seda (sericicultura), mientras que la planta baja era ocupada por la familia, habitualmente compuesta por más treinta miembros.

Vistas exterior e interior de dos viviendas de cuatro plantas.
Si tenemos en cuenta el entorno en el que se encuentran, es comprensible que no les quedara más remedio que recurrir a este tipo de construcción. Aún hoy en día el 96% de la región está cubierta de frondosos bosques, de manera que antes de la llegada de la maquinaria pesada, las áreas cultivables se reducían a los estrechos llanos contiguos a los ríos. Además este tipo de estructura, en la que no se emplea ningún clavo sino cuerdas (neso) entrelazadas a vigas fijadas con cuñas, resulta muy resistente a las fuertes nevadas de la zona y a su vez provee de luz y ventilación a la parte superior del edificio, ideal para los gusanos de seda.

Las nieve cubre los valles de la zona durante todo el invierno. Fuente: Wikipedia.
La renovación del tejado se efectuaba cada 40-50 años coincidiendo con la primavera. No obstante, el uso de otros materiales y el cambio en el estilo de vida, como por ejemplo el uso de una chimenea abierta en el interior de la vivienda, obliga actualmente a renovar la techumbre cada 25-35 años. Por lo general todos habitantes del pueblo participan en la instalación del nuevo tejado de acuerdo con un sistema denominado yui, que reúne la fuerza de entre 100 y 200 personas. Se tarda un solo día y para ello se usa únicamente paja brava. Para saber más sobre la arquitectura de estos edificios recomiendo esta web.
Nos topamos con una casa con el tejado en obras.

En la techumbre se usan únicamente paja y cuerdas.
Para el visitante:
Ogimachi, al que también se suelen referir como Shirakawagō, está situado en la prefectura de Gifu y queda a mitad de camino entre Takayama y Kanazawa. Se tarda unas 2 horas y media en autobús desde cualquiera de las dos poblaciones, lo que lo hace perfecto para una visita de 3 ó 4 horas por la mañana. El autocar te deja junto a la oficina de recepción de visitantes, donde se pueden adquirir mapas, también hay consigna. La aldea se puede visitar completamente a pie, paseando entre las casitas, los campos de arroz y los canales de agua, que están repletos de truchas arcoiris. Además por la ladera de una montañita se puede llegar en 25 minutos a un mirador que recomiendo visitar, pues desde él se aprecia todo el pueblo.
Algunas de las viviendas se pueden visitar, pero yo recomiendo entrar en el museo al aire libre Gasshō Zukuri Minka-en (500 yenes; abierto todos los días salvo martes entre diciembre y marzo). Está junto a la parada de autobús y sale mucho más rentable que dejarse los yenes en cada una de las viviendas del pueblo. El recinto, que recrea el ambiente de una típica aldea, reúne más de veinte casas gasshō, todas abiertas al público, que explican la vida en este tipo de construcciones.

En Shirakawagō, embaucado por el espíritu de Heidi.


Algo de palloza gallega también tienen… Pero donde esté un buen hórreo que se quite todo lo demás…
Do svidania
¡¡Truchas!! ¡¡¡Truchas arcoiris!!!
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Mi ankaŭ ĉ-u! ĉou! Mi ĉoas!
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Oh, empiezan a llegar noticias del famoso viaje familiar! Qué verde tan… verde hay por ahí, ¿no?
(No, no me voy a Granada. A Granada fui a finales de Mayo a un congreso, y lo pasé súper bien. Ahora me voy a Huelva de vacaciones xD, a ver qué tal…).
¡Pero bueno! Ya puestos, podías haber puesto también una fotito de tu hermana, ¿no? Tener hermanos para esto… En fin…
Pues yo aquí estoy loca, ¡que me vuelve loca el A380! Menos mal que el viernes y el lunes me los he cogido libres porque me voy con unos amigos al Hurricane Festival (www.hurricane.de). ¡Yuhúu!
Ahora después del trabajo voy a clase de japo, a ver si hoy consigo enterarme de qué leches son las seis flexiones de los verbos en japonés, jejeje.
Hala, ¡un besito hamburgués!
Te había dado ya por muerto…y mira por dónde resucitas de nuevo!!! que ganas tenía de saber de tí! ¿te has cortado el pelo,no? QUE GUAPO ESTAS!!!
Para los que no tenemos idea de probar el A380,ver fotos del valle de Ojimachi desde casa es un lujo,.
Me parece un valle precioso tanto verde como nevado,y como están todos como hormiguitas haciendo el tejado,toca a fardo de paja por cabeza… BONITO BONITO .. que contraste con el paso de peatones del video….. (UN REMANSO DE PAZ)