Así que estuve en la feria de trabajo para extranjeros. Masas de guiris en búsqueda de un trabajo (y visado) que les arraigue a Japón. Pero la verdad es que yo me lo esperaba todo un poquitín más serio, por parte de los organizadores y también de los participantes. La mitad se lo traían muy poco o nada preparado. Yo me pasé el día anterior como un escriba egipcio, copiando sin parar mi currículum y carta de presentación, porque en Japón hay que entregarlo todo ¡escrito a mano! Por eso de que dicen que la letra dice mucho de cada persona.

Karla, Maria y yo en la recepción. Primer mandamiento: traje negro y camisa blanca para todos.
Para preparse las entrevistas y demás, los estudiantes acuden a seminarios en los que aprenden cómo entrar en una sala, saludar, sentarse, qué ropa llevar, cómo peinarse, cómo presentarse, etc. todo acompañado de una interminable lista de manuales sobre cómo responder a cada posible pregunta que puedan hacer los entrevistadores. Al parecer últimamente hay quien se queja de que todos los candidatos acaban diciendo lo mismo.

Con el ejército de hormiguitas Made in China en uno de los puestos.
En esta feria había unos 25 puestecillos en los que cada empresa se dedicaba a explicarte cómo cumplir tus sueños trabajando en sus maravillosas oficinas. El asunto consistía llegar a un puesto, escuchar la presentación (unos 15-30 min) y luego entregar una solicitud para seguir adelante con el proceso de selección. En Japón es bastante pesado, dura varios meses y puede comprender hasta tres entrevistas distintas. Después de deambular por horas, me decidí por darles mi currículum a tres: una de electrónica, otra diseño y otra derechos de autor en internet… ¡a ver qué pasa!
que duro lo de escribir a mano! y qué anacrónico!
mirate!
mirate!
quienmeiba a decir que te veria en traje i corbata algun dia!!!!!
madre mia
que guapo!